Educación en tiempos de contingencia
Educación en tiempos de contingencia: ¿DERECHO O PRIVILEGIO?
Actualmente para nadie es ajeno el coronavirus, la pandemia y la contingencia, es el trending topic del 2020 en el mundo; hemos hablado y escuchado de él, pero aún más importante, hemos cambiado en torno a él, todos lo han hecho. Es un proceso al cuál ha tenido que atenerse cada componente de la sociedad, industrias, empresas, vendedores, médicos, niños, todos nos hemos visto afectados de una forma u otra, y el sector de la educación no es la excepción.
Rápidamente el ministerio y las secretarías de educación en conjunto con las diferentes instituciones, desarrollaron planes para llevar a cabo las tan nombradas clases virtuales, un proceso que lleva ya unas cuantas semanas y del cual ya podemos dar las primeras impresiones. Pero es nuestra responsabilidad evaluar con franqueza lo que ha venido sucediendo en el país.
Más que una realidad, la educación virtual es un ideal de la pedagogía en Colombia, pues evidentemente no estamos listos para ella, y es probable que estemos un poco lejos de estarlo. La brecha entre lo que se propone y lo que realmente se puede implementar es enorme, y peor aún, parece no existir el más mínimo interés por ayudar a aquellos que simplemente no están en la capacidad de acceder a los recursos y herramientas necesarias para implementar la virtualidad.
Si bien la educación es un derecho consagrado en nuestra constitución, la cruel realidad es que educación virtual es un privilegio de clase social, al cual no muchos pueden acceder, y que por otro lado, muchas instituciones no están capacitadas para ofrecer de manera eficaz y de calidad.
Justo ahora todos los estudiantes del país enfrentan las mismas situaciones, pero aun así los panoramas de todos ellos son diferentes, he allí donde cobra importancia el privilegio social. Si bien existimos estudiantes como yo, de clase media o más, de universidades privadas, de ciudades, con herramientas y recursos, la verdad es que el 96% de los municipios del país declararon no estar listos para implementar la educación virtual, y al menos la mitad de los estudiantes no cuentan con un computador o conexión a internet.1
Y es que al hablar de la educación virtual siempre resaltaba una característica: “la fácil accesibilidad” pues al no necesitar ningún desplazamiento y acceder a todo desde el hogar se suponía mayor facilidad. Pero ¿de qué fácil accesibilidad hablan?
Preguntémosle de accesibilidad a los estudiantes que volvieron a sus pueblos para pasar la cuarentena con su familia, preguntémosle a los que no tienen una casa para la “educación en casa”, preguntemos a los que habitualmente hacían sus trabajos y tareas en el internet del barrio pero ya no pueden salir, o vamos con los niños que no tienen para comer y preguntémosle de la calidad de wifi que poseen y de paso también podemos preguntarles de qué marca es el computador con el que hacen sus trabajos, o si tienen un Smartphone de última generación para entrar a las video llamadas con sus profesores.
Porque el modelo supone que todos los estudiantes del país cuentan con esto, y muchas personas piensan lo mismo, precisamente porque nuestra realidad privilegiada configura todos esos objetos como básicos, de uso diario, y probablemente todos a nuestro alrededor cuentan con ellos, así que se nos hace inimaginable que alguien no los posea.
Pero todo esto no son más que excusas ¿verdad?, porque el que quiere, puede ¿no es así?
Pues no. En Colombia existe este arraigado pensamiento de que quienes están en una peor situación que nosotros es porque así han querido, porque se lo han buscado o porque simplemente no se esfuerzan para salir de su situación. Sin embargo, existen jóvenes y padres que han recurrido al rebusque, han vendido cosas, han pedido prestado y han hecho hasta lo imposible para acceder a la educación virtual, y lo han logrado, para llegar y estrellarse de cara con otra decepción: la calidad de esa educación virtual.
Muchas instituciones, o profesores en su defecto, están ofreciendo “aprendizaje” virtual. Porque sentarse horas a hablar frente a una cámara sin tener en cuenta si el estudiante entiende o no, es enseñar; o en el otro extremo, dejar trabajos y guías en una plataforma y pedir que los envíen resueltos en un par de días, sin dar retroalimentación alguna a los estudiantes, representa los métodos pedagógicos de evaluación en su máximo esplendor.
¿Es acaso justo para los estudiantes no privilegiados que luchan contra el sistema, y contra la vida en general por sobrevivir e intentar salir adelante, esforzarse por aprender y recibir esa “educación” a cambio? Y es que son muchos problemas por resolver, y muy poco tiempo, pues se trabaja sobre la marcha, se corrige al mismo tiempo que se aplica.
El modelo puede, y debe, mejorar para intentar cerrar la brecha de accesibilidad entre los estudiantes de los más altos estratos y los más bajos; y aunque lo ideal sería intentar cerrar las diferencias económicas y de clase, por ahora sólo se puede brindar herramientas y buscar estrategias alternativas para garantizar el acceso a la educación de los más desprotegidos.
Y es por eso que como una persona que siempre busca el lado amable de la moneda, creo que si bien la pandemia y la contingencia dejarán grandes estragos en la sociedad Colombiana, la educación podría aprovechar esta situación, que la obliga y la acorrala a mejorar y superarse, y así tal vez un día el sueño de la virtualidad sea una realidad para todos.
-Jorge Luis Vargas Rojas.
Actualmente para nadie es ajeno el coronavirus, la pandemia y la contingencia, es el trending topic del 2020 en el mundo; hemos hablado y escuchado de él, pero aún más importante, hemos cambiado en torno a él, todos lo han hecho. Es un proceso al cuál ha tenido que atenerse cada componente de la sociedad, industrias, empresas, vendedores, médicos, niños, todos nos hemos visto afectados de una forma u otra, y el sector de la educación no es la excepción.
Rápidamente el ministerio y las secretarías de educación en conjunto con las diferentes instituciones, desarrollaron planes para llevar a cabo las tan nombradas clases virtuales, un proceso que lleva ya unas cuantas semanas y del cual ya podemos dar las primeras impresiones. Pero es nuestra responsabilidad evaluar con franqueza lo que ha venido sucediendo en el país.
Más que una realidad, la educación virtual es un ideal de la pedagogía en Colombia, pues evidentemente no estamos listos para ella, y es probable que estemos un poco lejos de estarlo. La brecha entre lo que se propone y lo que realmente se puede implementar es enorme, y peor aún, parece no existir el más mínimo interés por ayudar a aquellos que simplemente no están en la capacidad de acceder a los recursos y herramientas necesarias para implementar la virtualidad.
Si bien la educación es un derecho consagrado en nuestra constitución, la cruel realidad es que educación virtual es un privilegio de clase social, al cual no muchos pueden acceder, y que por otro lado, muchas instituciones no están capacitadas para ofrecer de manera eficaz y de calidad.
Justo ahora todos los estudiantes del país enfrentan las mismas situaciones, pero aun así los panoramas de todos ellos son diferentes, he allí donde cobra importancia el privilegio social. Si bien existimos estudiantes como yo, de clase media o más, de universidades privadas, de ciudades, con herramientas y recursos, la verdad es que el 96% de los municipios del país declararon no estar listos para implementar la educación virtual, y al menos la mitad de los estudiantes no cuentan con un computador o conexión a internet.1
Y es que al hablar de la educación virtual siempre resaltaba una característica: “la fácil accesibilidad” pues al no necesitar ningún desplazamiento y acceder a todo desde el hogar se suponía mayor facilidad. Pero ¿de qué fácil accesibilidad hablan?
Preguntémosle de accesibilidad a los estudiantes que volvieron a sus pueblos para pasar la cuarentena con su familia, preguntémosle a los que no tienen una casa para la “educación en casa”, preguntemos a los que habitualmente hacían sus trabajos y tareas en el internet del barrio pero ya no pueden salir, o vamos con los niños que no tienen para comer y preguntémosle de la calidad de wifi que poseen y de paso también podemos preguntarles de qué marca es el computador con el que hacen sus trabajos, o si tienen un Smartphone de última generación para entrar a las video llamadas con sus profesores.
Porque el modelo supone que todos los estudiantes del país cuentan con esto, y muchas personas piensan lo mismo, precisamente porque nuestra realidad privilegiada configura todos esos objetos como básicos, de uso diario, y probablemente todos a nuestro alrededor cuentan con ellos, así que se nos hace inimaginable que alguien no los posea.
Pero todo esto no son más que excusas ¿verdad?, porque el que quiere, puede ¿no es así?
Pues no. En Colombia existe este arraigado pensamiento de que quienes están en una peor situación que nosotros es porque así han querido, porque se lo han buscado o porque simplemente no se esfuerzan para salir de su situación. Sin embargo, existen jóvenes y padres que han recurrido al rebusque, han vendido cosas, han pedido prestado y han hecho hasta lo imposible para acceder a la educación virtual, y lo han logrado, para llegar y estrellarse de cara con otra decepción: la calidad de esa educación virtual.
Muchas instituciones, o profesores en su defecto, están ofreciendo “aprendizaje” virtual. Porque sentarse horas a hablar frente a una cámara sin tener en cuenta si el estudiante entiende o no, es enseñar; o en el otro extremo, dejar trabajos y guías en una plataforma y pedir que los envíen resueltos en un par de días, sin dar retroalimentación alguna a los estudiantes, representa los métodos pedagógicos de evaluación en su máximo esplendor.
¿Es acaso justo para los estudiantes no privilegiados que luchan contra el sistema, y contra la vida en general por sobrevivir e intentar salir adelante, esforzarse por aprender y recibir esa “educación” a cambio? Y es que son muchos problemas por resolver, y muy poco tiempo, pues se trabaja sobre la marcha, se corrige al mismo tiempo que se aplica.
El modelo puede, y debe, mejorar para intentar cerrar la brecha de accesibilidad entre los estudiantes de los más altos estratos y los más bajos; y aunque lo ideal sería intentar cerrar las diferencias económicas y de clase, por ahora sólo se puede brindar herramientas y buscar estrategias alternativas para garantizar el acceso a la educación de los más desprotegidos.
Y es por eso que como una persona que siempre busca el lado amable de la moneda, creo que si bien la pandemia y la contingencia dejarán grandes estragos en la sociedad Colombiana, la educación podría aprovechar esta situación, que la obliga y la acorrala a mejorar y superarse, y así tal vez un día el sueño de la virtualidad sea una realidad para todos.
-Jorge Luis Vargas Rojas.